
Asistí al recital de danza que ofrecía la escuela en la que baila mi hija con las ganas justas para no decepcionarla. Era viernes por la tarde y llevaba ya los párpados llenos de sueño acumulado.
Nunca le he encontrado el sentido a la danza, así que los que me conocen no se extrañarán de pasara lo que pasó.
En cuanto tomamos asiento en una de las butacas más alejadas de la platea, Vivaldi comenzó a deleitar nuestros oídos con sus cuatro estaciones, y entre el calorcito del teatro, el peso de mis párpados y un tema tan relajante... Me dormí.
Ese tema siempre me hace recordar las clase de música de mi infancia, en las que un profesor muy hippie nos instaba cerrar los ojos y transportarnos a un campo primaveral lleno de flores y mariposas (que yo visualizaba como un cuadro impresionista) y en las que yo casi siempre acababa igual; dormido.
Así que allí que me plantó Morfeo, en ese entorno tan bucólico y pastoril de mi infancia, pero con veinte años más en la mochila.
Respiré hondo llenando mis pulmones de la positividad que emanaba todo aquello y descubrí que al hacerlo, los puntitos de colores que formaban el paisaje creaban remolinos ascendentes que se introducían por mi nariz coloreandome del mismo modo que todo lo demás.
Como es lógico, me asusté e intenté no respirar (me gusta parecer normal, incluso en sueños), y como es lógico no pude hacerlo. Así que me relajé de nuevo con la música y dejé que el impresionismo me llevara a su terreno.
Al finalizar el proceso de "impresionización" (???), todo lo allí presente me acogió como parte de sí. Los pajaros revoloteaban entorno a mí, las flores polinizaban mis tobillos y hasta un nutrido grupo de mariposas me invitó a bailar con ellas.
Acepté gustosamente impresionado ( jiji ) por su excelso colorido, y comencé a seguirlas en una estúpida danza (nunca habría efectuado tales movimientos en estado de vigilia) que hasta a mí me hacía dudar de mi sexualidad, cuando repente... Unos gritos guturales llamaron mi atención al otro lado de cuadro.
Un taxi cubista con un palillo sujeto a la rejilla delantera que hacía las veces de boca me gritaba:
- ¡¡Afrancesaooooo!! ¿No te da vergüenza? ¡¡A tus años y con esas mariconás!!
No daba crédito a lo que veían mis impresionados (jiji) ojos, pero no podía dejar de bailar, no quería dejar de hacerlo.
- ¡¡No quiero dejar de bailar con las mariposa, taxi cubista del demonio!! - Le espeté lo más alto que pude.
Pero de mi boca solo salían letras de colores (y todos sabemos que los taxis cubistas no saben leer). Así que decidí gritar mas fuerte, y repetí la frase tantas veces como pude, hasta que unas atroces sacudidas me hicieron salir del sueño.
Al abrir los ojos me encontré la cara de mi hija cubierta de un rubor espectacular, rodeada de un teatro en total silencio lleno de gente mirándome con gesto impresionado (jiji).
Joder con las mariposas...