
Regresas a casa.
Metes el neceser a presión en la maleta, apuras el Colacao del desayuno (no te acostumbraste nunca a las beans) y juegas al tetris (por ultima vez este año) con el vaso sucio en tu lavavajillas.
Besas a Sophie en los labios y acaricias su rostro (por ultima vez este año), mientras con la otra mano agarras con fuerza el asa de la maleta.
Y te giras y caminas hacia la puerta y bajas a la calle y la lluvia de la City empapa tu abrigo de paño negro y aceleras el paso para minimizar los daños y en la primera esquina paras un taxi y le hablas en español y el taxista no quiere entenderte y te ríes por que ya no eres guiri.
- "To the airport, please".
Y tu acento ahora suena raro y las calles mojadas de la City ahora te parecen extrañas y los taxis negros circulan de repente al revés y el plomizo cielo inglés ahora te pesa en los hombros.
Por que sabes que el sol es ligero, que el aire no moja los pulmones, que las mesas no solo albergan ordenadores, que ni el "fish" ni las "chips" se pueden comparar con un cocido, por que eres de aquí y ni puedes ni quieres evitarlo.
Bienvenido, compadre.